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Sentir la fuerza de la Catedral

La Catedral burgalesa tiene tanta fuerza estética que como un imán atrae las miradas de todos los visitantes. Y a nadie deja indiferente este grandioso templo que está considerado como una de las cumbres del arte gótico europeo, presume de ser Patrimonio de la Humanidad y está a punto de cumplir 800 años de existencia.  La ciudad va a celebrar por todo lo alto el VIII centenario de la colocación de la primera en 1221.

Considerada como una de las cumbres del arte gótico europeo, el recorrido por la Catedral se inicia en la diáfana plaza del Rey San Fernando, desde la que se contempla la mejor panorámica de su fachada meridional. Nos podemos sentar en uno de sus bancos de madera y deleitarnos con el insuperable juego de volúmenes existente entre las torres, rematadas por unos puntiagudos chapiteles, la alargada nave central, el ya renacentista cimborrio y el elegante hastial del Sarmental.

El conjunto presenta planta de cruz latina con tres naves, marcado crucero y girola en la cabecera. A este primitivo diseño gótico de comienzos del siglo XIII, de nítidas influencias francesas, se le fueron añadiendo una serie de capillas funerarias financiadas por distintos clérigos y nobles.

Entrar en la catedral supone una intensa y gozosa experiencia estética para los viajeros. Gracias a las restauraciones de los últimos años, el interior luce con todo su esplendor la armoniosa combinación de estructuras arquitectónicas y elementos decorativos incorporados a lo largo de tiempo a la inicial fábrica gótica. Es tanta la belleza acumulada que es difícil concentrar la mirada en un solo foco de interés.

Pero existen unos puntos claves que nadie puede perderse. El primero y más sobresaliente es el calado Cimborio que se alza sobre el crucero. Bajo su estrellada cúpula descansan los restos del más señalado héroe local: Rodrigo Díaz de Vivar. Después, es obligatorio volver la mirada hacia la renacentista Escalera Dorada de Diego de Siloé y sorprenderse con la pequeña pero magnífica capilla gótica de Santa Ana. Dando la vuelta a la girola es preciso detener la marcha ante otra maravilla del arte español: la capilla de los Condestables. En esta catedral dentro de la Catedral, diseñada por Simón de Colonia a finales del siglo XV, están enterrados, en un vistoso sepulcro de mármol de Carrara, los que fueron poderos representantes del rey de Castilla.

Para finalizar hay que disfrutar del colorido claustro y de los lujosos tesoros del Museo Catedralicio. Y que nadie se olvide ya que antes de salir de nuevo al exterior es obligatorio cumplir con el rito de todo buen turista: escuchar las horas y ver abrir la boca al viejo reloj del Papamoscas.

Feel the power of the Cathedral

Burgos Cathedral exudes such aesthetic power that, like a magnet, it attracts the gaze of each visitor. And nobody is left indifferent by this magnificent temple which is considered to be one of the peaks of European Gothic art, can boast of being a World Heritage Site and is about to reach its 800th year of existence.  The city will soon celebrate in style the eighth centenary of the laying of the first stone in 1221.

The tour of the Cathedral, one of the peaks of European Gothic art, starts in the crystal-clear Plaza del Rey San Fernando, from which the best panorama of its southern façade can be contemplated. You can sit in one of its wooden benches and lose yourself in the unsurpassable interplay of geometric forms set off by the towers concluding in a series of pointed spires, the extended central nave, the Renaissance lantern tower and the elegant gable of the Sarmental.

The building itself comprises a Latin-cross plan with three naves, prominent transept and ambulatory at the east end. To this early-thirteenth-century primitive Gothic design, of clear French influence, were progressively added a series of funeral chapels financed by various clerics and nobles.

To enter the cathedral is to imagine an intense and joyful aesthetic experience for visitors. Thanks to restoration work in recent years, the interior flaunts with all its splendour the harmonious combination of architectural structures and decorative elements added over the passage of time to the original Gothic masonry. The accumulated beauty is such that it is difficult to concentrate the gaze in just one focus of interest.

There are, however, some key features that no one should miss. The first and most outstanding is the tracery-patterned lantern tower (Cimborio) rising above the transept. Under its star-shaped cupula lie the remains of Burgos’s most notable hero: Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid). Then, visitors should turn their gaze towards the Renaissance Gilded Staircase by Diego de Siloé and wonder at the small but magnificent Gothic chapel of Santa Ana. While wandering around the ambulatory it’s essential to pause in front of another marvel of Spanish art: the Constables’ Chapel. In this ‘cathedral within the cathedral’, designed by Simón de Colonia at the end of the 15th century, powerful representatives of the king of Castile are buried in a striking Cararra marble tomb.

Before finishing, visitors should enjoy the colourful cloisters and the opulent treasures of the Museo Catedralicio (Cathedral Museum). And let nobody forget that before going outside again the ritual of every good tourist must be fulfilled: listening to the old Papamoscas clock strike the hour with its mouth open.

 

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