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Monasterios reales entre árboles

Unidos entre sí por los frondosos y longitudinales parques que escoltan el tramo ciudadano del río Arlanzón —El Parral, La Isla, La Quinta y Fuente del Prior—, se alzan dos de los monumentos imprescindibles para entender el arte y la historia burgalesa: Las Huelgas Reales y la Cartuja de Miraflores. Lo que a priori puede parecer un inconveniente al estar un poco alejados del centro urbano se convierte en un estímulo para los andarines o los amantes de la bicicleta.

El Monasterio de Las Huelgas Reales fue fundado en 1187 por el rey Alfonso VIII para alojar entre sus muros el Panteón Real de su ilustre linaje. La originalidad de este monasterio cisterciense radica en que en su interior conviven en armonía los más típicos elementos del arte cristiano con alguna de las construcciones de más clara raíz musulmana conservadas en España. Su interés artístico se concentra en la iglesia, en la sala capitular y en las capillas de Santiago y La Asunción. Su Museo de Ricas Telas, uno de los más importantes y con mayor originalidad del mundo, conserva una lujosa colección de vestimentas de los siglos XII y XIV.

La Cartuja de Miraflores es uno de los monumentos más interesantes del gótico final europeo y su iglesia fue levantada como panteón del rey Juan II de Castilla. Juan de Colonia inició en 1454 la construcción de esta obra maestra financiada por la reina Isabel la Católica y en la que trabajaron los más importantes artistas de la época: Simón de Colonia, Gil de Siloé, Juan de Flandes y Pedro Berruguete entre otros. Además del ascetismo cartujo que lo impregna todo llaman la atención el magnífico retablo mayor y los sepulcros reales esculpidos por el genial Gil de Siloé.

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